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Terminar un proyecto en tiempo y que cumpla su función es de alguna manera el objetivo principal para muchos de los que trabajamos en los medios. Para mi es una satisfacción porque procuro siempre dejar ver algo de mi en mi trabajo sea cual sea la índole de éste. Sin embargo, los cortometrajes, las pequeñas animaciones e incluso los viejos diseños que van marcándole el paso de nuestra carrera se van quedando en los más profundo de nuestra galería o disco duro y los volvemos a ver tal vez mucho tiempo después.

Cada fin de cuatrimestre la academia de animación de la universidad donde estudié, realiza una muestra de cortometrajes animados de las nuevas generaciones y los mejores de las anteriores. Éste año se llevó acabo el día de ayer donde, además de muchos otros, se proyectó unos de los cortometrajes al que he invertido más tiempo y dedicación en toda mi carrera. “El Chavarín” nació como un trabajo que, en colaboración con mi mejor amiga Cynthia Gómez, hicimos para la Casa de Cultura de Ameca para la promoción de lo que les da identidad como municipio. Lo entregamos en Enero de éste año y recibió muy buenas críticas tanto de nuestros profesores como de los regidores de la mesa directiva en Ameca. Hoy lo vemos Cynthia y yo y emitimos una opinión totalmente diferente, entonando por más de diez veces la palabra “hubiéramos”.

“Hubiéramos cambiado ese color”, “Hubiéramos bajado el volumen de ese sonido”, “Hubiéramos agregado un par de fotogramas a ese movimiento”; comenzaron a salir todos los detalles que como estudiantes o trabajadores de los medios dejamos pasar de largo por cuestión de tiempo. Ahora, seis meses después, con ojos de artistas, no nos
queda más que tomar esos “hubieras” y repararlos con otro proyecto donde no suceda lo mismo. Cualquiera diría esta situación se llama “crecimiento laboral” donde aprendo de mis errores y no cometo posteriormente, sin embargo, fuera del ojo mercadológico y comercial, ¿Nos equivocamos como artistas? ¿Se equivocó Kubrik al dejar caer una cascada de sangre en “The Shinning”? ¿Se equivocaban Hayao Miyazaki y sus animadores al tardar más de dos años en hacer cada película? ¿Se equivocó Ardam Animations al producir la mayoría de sus películas en stop-motion y con muñecos de plastilina?

Si algo me enseñó al final el trabajar en “El Chavarín” fue que un estudiante egresado de cualquier carrera que requiera procesos creativos, debe adoptar una dualidad personal y satisfacer las necesidades de un cliente y las propias como un creador. Es difícil encontrar el punto medio entre ambas partes; muchos seguramente dirán que es imposible. Es la pelea eterna entre el concepto de hacerse un artista y venderse como artista; en lo personal, considero que el hecho de que hagas algo bien, de la manera que tu quieras, tomando la temática que quieras, sin temor a equivocarte, es una satisfacción. El usar esas habilidades para prestar un servicio, puede llegar a ser una satisfacción aún más grande de lo que se imaginan.

Charlie Acevedo

Animador | ExplainToon

 

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